Relaciones laborales Miranda De Ebro Castilla y León
Hoy en día le dedicamos poco tiempo a cuidar las relaciones con los demás, nos hemos olvidado de disfrutarlas y han pasado, en la mayoría de los casos, a ser una obligación y un compromiso...
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¿Cuidamos Nuestras Relaciones?
Por Ignasi Tebé
Vivir en la actualidad ha perdido parte del encanto de los tiempos pasados, porque agendas, reloj, teléfonos, e-mail, desplazamientos, aparcamientos, citas, reuniones,hacen que vivamos estresados, trasformando nuestras vidas en una carga pesada.
Convivir y relacionarse debería ser un placer; vecinos, amigos, cafés, tertulias, fiestas, salidas, pareja, hijos, familia, compañeros de trabajo, equipo y un largo etcétera, deben volver a nuestras vidas si queremos sentir la alegría de vivir en plenitud.
Muchos altos directivos y personajes públicos se toman su propio espacio para alimentar su alma y gozar de un tiempo que les pertenece. Compartir debería ser el verbo más frecuente en el mundo tanto personal como profesional.
Las obligaciones del día a día no nos permiten estar atentos a las señales que nuestro entorno nos facilita: escuchar a alguien de forma activa, trabajar desde la ilusión del proyecto, compartir con los compañeros, contestar a una pregunta, mirar a los ojos, sonreír, jugar, bailar, abrazar o relacionarse sin prisas, todo ello debería ser capaz de captar nuestra atención y generar el deseo de sumergirnos en el placer de un “tiempo inexistente” que va más allá de lo cotidiano y nos da la oportunidad de ser y sentir que somos nosotros mismos.
Hemos olvidado en la mayoría de los casos las maravillas de la comunicación, tan mediatizada a veces y actuamos como autómatas, creyendo que lo hacemos porque somos responsables y hemos olvidado que “ser responsable” es saber dar la respuesta correcta a cada momento.
¿Cómo nos relacionamos con nuestra pareja? ¿Y con nuestros hijos?
A veces el cansancio nos impide disfrutar de un agradable espacio donde compartir las experiencias diarias con nuestra pareja, gozar de hacer planes juntos, decir y expresar lo mucho que nos amamos y disfrutar de la mutua compañía…
Cuántos padres confiamos más en la escuela, en la televisión, en las vídeo consolas o en sus amigos que en nosotros mismos como educadores de lo cotidiano, de su quehacer diario, de sus preguntas, de sus juegos, de su maravillosa imaginación y fantasía o sencillamente de un tierno abrazo-beso que
Estamos olvidando lo esencial del Vivir, que es el Sentir y Gozar con ello. Hoy se habla mucho de emociones, pero nos da miedo exteriorizarlas y elegimos, la mayoría de las veces, esconderlas bajo una capa de distancia y aparente seriedad.
¿Y en nuestro entorno laboral?
Si hemos aparcado nuestras emociones en la intimidad, ¿qué estamos haciendo en nuestro lugar de trabajo?, hemos perdido la ilusión de la visión y misión de la empresa en la que estamos, la facturación nos ha hecho olvidar la importancia de la creatividad, de la fidelización de nuestros cliente...
Vivir en la actualidad ha perdido parte del encanto de los tiempos pasados, porque agendas, reloj, teléfonos, e-mail, desplazamientos, aparcamientos, citas, reuniones,hacen que vivamos estresados, trasformando nuestras vidas en una carga pesada.
Convivir y relacionarse debería ser un placer; vecinos, amigos, cafés, tertulias, fiestas, salidas, pareja, hijos, familia, compañeros de trabajo, equipo y un largo etcétera, deben volver a nuestras vidas si queremos sentir la alegría de vivir en plenitud.
Muchos altos directivos y personajes públicos se toman su propio espacio para alimentar su alma y gozar de un tiempo que les pertenece. Compartir debería ser el verbo más frecuente en el mundo tanto personal como profesional.
Las obligaciones del día a día no nos permiten estar atentos a las señales que nuestro entorno nos facilita: escuchar a alguien de forma activa, trabajar desde la ilusión del proyecto, compartir con los compañeros, contestar a una pregunta, mirar a los ojos, sonreír, jugar, bailar, abrazar o relacionarse sin prisas, todo ello debería ser capaz de captar nuestra atención y generar el deseo de sumergirnos en el placer de un “tiempo inexistente” que va más allá de lo cotidiano y nos da la oportunidad de ser y sentir que somos nosotros mismos.
Hemos olvidado en la mayoría de los casos las maravillas de la comunicación, tan mediatizada a veces y actuamos como autómatas, creyendo que lo hacemos porque somos responsables y hemos olvidado que “ser responsable” es saber dar la respuesta correcta a cada momento.
¿Cómo nos relacionamos con nuestra pareja? ¿Y con nuestros hijos?
A veces el cansancio nos impide disfrutar de un agradable espacio donde compartir las experiencias diarias con nuestra pareja, gozar de hacer planes juntos, decir y expresar lo mucho que nos amamos y disfrutar de la mutua compañía…
Cuántos padres confiamos más en la escuela, en la televisión, en las vídeo consolas o en sus amigos que en nosotros mismos como educadores de lo cotidiano, de su quehacer diario, de sus preguntas, de sus juegos, de su maravillosa imaginación y fantasía o sencillamente de un tierno abrazo-beso que
Estamos olvidando lo esencial del Vivir, que es el Sentir y Gozar con ello. Hoy se habla mucho de emociones, pero nos da miedo exteriorizarlas y elegimos, la mayoría de las veces, esconderlas bajo una capa de distancia y aparente seriedad.
¿Y en nuestro entorno laboral?
Si hemos aparcado nuestras emociones en la intimidad, ¿qué estamos haciendo en nuestro lugar de trabajo?, hemos perdido la ilusión de la visión y misión de la empresa en la que estamos, la facturación nos ha hecho olvidar la importancia de la creatividad, de la fidelización de nuestros cliente...



